miércoles, 3 de septiembre de 2008

Capítulo 12c (libro: misión en transformación)

12 c
Elementos de un nuevo paradigma misionero ecuménico.

La misión como ministerio de todo el pueblo de Dios.

La evolución del ministerio ordenado.

Uno de los cambios más gama chicos es el desplazamiento desde el ministerio concebido como monopolio de varones ordenados hacia el ministerio concebido como la responsabilidad de todo el pueblo de Dios. La fe y la política se encuentran ante una rotunda presión. Los cambios de última hora después de 19 siglos en todas las tradiciones eclesiásticas. Desde que Jesucristo seleccionó a los 12 de entre pescadores, cobradores de impuestos, etc. En lugar de hacerlo con los sacerdotes judíos, lo que fue parte de su ministerio rompe-odres. Episcopos, presbiterios y diakonos son términos que no se usaron antes de esa época en los oficios judíos eclesiásticos. Los líderes de la iglesia primitiva son carismáticos y naturales. La Iglesia tenía que lidiar con la herejía por fuera y con un proceso de disolución de la fe por dentro. El ministerio ordenado (sacerdotes, obispos, papas), son los que se encargan de esta tarea y de Iglesia gira alrededor de él. La pregunta es si los protestantes han hecho algo mejor. Lutero rompió con el paradigma existente. Los tres oficios de Cristo, rey, profeta y sacerdote; se cristalizaron claramente los tres oficios de pastor, anciano y diácono. Muchas congregaciones luchan por evitar los extremos peligrosos que son, que el ministro se convierta en una especie de miní-papa o un empleado que tiene que bailar al son de la música. La Iglesia siguió siendo estrictamente clericalista manejada por personal de adentro. Siendo el sacerdote-clérigo en su posición privilegiada y central el corazón de la Iglesia. Tanto las misiones católicas como protestantes, exportaron un modelo de un clero dominante hasta los “campos misioneros”. Hicieron así imposible que la joven Iglesia ejecutará su ministerio particular o sobreviviera sin la ayuda de afuera. Se considera poco probable que ocurriera un cambio en este modelo dominante, ni en la sociedad ni en la Iglesia. Esto empieza darse en nuestra época con el redescubrimiento del “apostolado del laicado” o el “sacerdocio de todos los creyentes”.

El apostolado de laicado.

Los católicos simples han caracterizado por involucrar a los laicos, en las misiones, como auxiliares y bajo control del clero. Los protestantes las posibilidades formas claras. Normalmente hubo clérigos involucrados en la fundación de las sociedades misioneras. Estados Unidos las sociedades atraían gran número de mujeres. Y en algunas instancias, las mujeres fundaron sus propias sociedades misioneras, sus propios periódicos y hasta levantaron su propio sostenimiento, haciéndolo que los hombres solían hacer incluso la predicación. Después de la Segunda Guerra Mundial las cosas cambiaron, principalmente en cuanto a la misión, se dieron cuenta tanto la Iglesia católica como la protestante de que la apostolicidad de la Iglesia es un atributo de la Iglesia entera y que el ministerio ordenado podría ser entendido únicamente como algo existente entre la comunidad de fe. El concilio Vaticano II yo entrara una nota sección del papel del laicado en la Iglesia, sobre todo en el llamado misionero. Se acentuó el plan divino de la salvación para todo el pueblo, en todo el mundo y en toda época, este laicado trabaja al lado de la jerarquía y el derecho a ser apóstoles. Sin embargo el hecho de que el laicado no participe en la toma de decisiones, separando la base de la cúspide, lo que ha traído más tensión entre ambos extremos, por el temor al elemento “congregacionalista” dentro del catolicismo. Lo mismo sucede en el protestantismo, el espíritu se ha derramado sobre el pueblo de Dios, no sólo sobre algunas personas seleccionadas, “el clero, entonces, surge de la comunidad, la guía, y actúa en nombre de Cristo”. La asamblea del CMI en nueva Delhi (1961); la comunidad es portadora primaria de la misión, “la estructura misionera de la congregación”. La misión ya no surge ni del Papa ni de una orden misionera, ni de ninguna sociedad o sínodo, sino de una comunidad reunida alrededor de la palabra y de los sacramentos. El modelo vertical desde el Papa diera obispos y sacerdotes hasta los feligreses, se ha estado modificando por otro en el cual todos están involucrados directamente. Surge el debate sobre la ordenación de mujeres y que los laicos se involucren directamente en la celebración de la Santa Cena. El problema con este debate, es que sugiere que algunas formas de ministerio ordenado y algunas formas de autoridad para la celebración de los sacramentos son principios y de lo que la Iglesia es en realidad.

Formas de ministerio.

Moltmann, su tesis de la teología del futuro ya no será sólo para sacerdotes o el pastor sino también para laicos. En la actualidad el ministerio conjunto del clero y el laicado, hasta el punto en el que no poder distinguir quién está siendo que. Comunidades “pequeñas” o “de base”, que habiendo comenzado en América Latina hoy están surgiendo a través del mundo en pero, hasta en occidente. Tomando forma como grupos eclesiales hogareños en occidente, iglesias independientes en África, reuniones clandestinas en países donde el cristianismo está prohibido, etc.
Alguna forma de ministerio ordenado es absolutamente esencial y constructiva, no como garante o dispensadora de la gracia de Dios, sino como un guardián que ayuda a la comunidad a mantenerse fiel a las enseñanzas y las prácticas del cristianismo apostólico, el clero no hace esto sólo, sino conjuntamente con todo el pueblo de Dios, ya que todos han recibido es el Espíritu Santo que guía la Iglesia a toda la verdad. Luego entonces necesitamos una eclesiología más orgánica y menos clerical, de todo el pueblo de Dios.

La misión como testimonio a personas de otras religiones vivas.

Una escena movediza.

A partir de 1960 surgió la teología de las religiones y provocó en algunos cristianos se preguntaran “quiénes son estos católicos romanos, anglicanos, metodistas, ortodoxos” y por otro lado “quien son esas personas de otras religiones, hindúes, budistas y musulmanes”. Surgiendo una relación entre el ecumenismo y la teología de la religiones. A través de los años la porción católica insistía que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, el modelo protestante afirmaba que “fuera de la palabra no hay salvación”. En ambos modelos la misión significaba conquista y desplazamiento. Durante la mayor parte de la media el enemigo 1 del cristianismo fue el Islam, surgiendo las cruzadas para aplastar esta amenaza, antes de que este aplastara a la Iglesia. Esta actitud cristiana hacia el Islam permanece. Nicolás de Cusa , nunca dudó ni por un instante la superioridad absoluta del cristianismo frente al Islam, Bartolomé de las casas siempre consideró como irrebatible, que las “supersticiones” de los indios americanos eran infinitamente inferiores a la fe cristiana.

La certidumbre inmutable, vacía de colectiva del medioevo, que persistió hasta el siglo XVIII, ha desaparecido. El cristianismo dice Kramer (1961) , es cuestionado severamente, repudiado o ignorado de manera condescendiente. Un factor principal en esta desintegración fue, por supuesto, la ilustración. En lo que se refiere al mundo de los valores (al cual fue relegada la religión), las certidumbres cristianas inmutables sufrirían erosión y, la Iglesia reconocería la existencia de un dilema que no haber tenido necesidad de enfrentar. Hoy en día tiene que competir por la lealtad en el mercado de las religiones e ideologías. En los países occidentales, cristianos, musulmanes, hindúes, sikhs y budistas caminan juntos por las calles. Los cristianos han descubierto que aquellas “otras” religiones, paradójicamente, se diferencian más y a la vez se asemejan más al cristianismo de lo que harían pensado. En el paradigma de la ilustración se esperaba que la religión iría desapareciendo paulatinamente, mientras avanza el proceso descubrir que todo lo sale para la supervivencia gran los hechos, y que el mundo de los valores, perdería su influencia sobre las personas, en efecto muchas cosas parecían apuntar en esa dirección. El marxismo anuló la religión considerándola como “el opio del pueblo” y propagó un mundo libre de ella, la religión y en particular el cristianismo, parecía estar declinando. Irónicamente, sin embargo la religión no pereció. ¡Al contrario! “Hay religión después de la ilustración”. La resurrección de la religión, sin embargo, no es un fenómeno netamente cristiano. Al contrario, parece que son otras religiones en particular los que están experimentando una revitalización. En algunas instancias (en particular el caso del Islam) la revitalización de las religiones tradicionales se atribuye al flamante nacionalismo, proyectos de independencia nacional y cosas similares. Estas religiones evangelizan de manera mucho más agresiva que las iglesias cristianas. El hinduismo no sólo se afirma con más fuerza en su lugar de origen: sus sectas también ganan prosélitos con éxito en occidente. El budismo se ha vuelto militante en Sri Lanka y otras partes. Los cristianos se han triplicado en este siglo sin embargo los musulmanes se han cuadruplicado. Los musulmanes prohíben la propagación de la fe cristiana, a diferencia de los países occidentales, los que permiten que toda él pueda propagarse. No estamos preparados para enfrentar los desafíos que tenemos por delante.

¿Respuestas posmodernas?

El cristianismo en general ha experimentado poco éxito, entre los pueblos adherentes. El budismo en Asia, tan pronto salió de su tierra natal, se convirtió en un budismo chino, un budismo tailandés, un budismo japonés, intrínseco a la tierra y el pueblo de estos países. Lo que constituye una verdadera misión encarnanacional. La misión cristiana en cambio, ha sido una moción descorporalizada. No se rompió la maceta en que venía plantado el cristianismo en otras naciones, por lo que no pudieron echar raíces, convirtiéndose en bonsái. El cristianismo llegó tarde al escenario asiático, excepto tal vez en las Filipinas. Ahora su única esperanza radica en tratar de crear (por ejemplo) apenas un cristianismo indio (de la india), sino, como un cristianismo hindú (M. Amalados, R.Panikkar)en todas partes existe hoy una nueva preocupación por lograr una teología religión cristiana, y un intento desesperado de compensar la miopía del pasado. La confusa diversidad de intentos, cada uno de estos abarcan elementos tanto el paradigma moderno como del posmoderno. El autor de cierre tres posiciones:
1 exclusivismo. La actitud católica y protestante, en relación a otras religiones fue premoderna o en algunas manifestaciones moderna. Nosotros podemos referirnos al cristianismo en términos de estar en proceso de convertirse en “religión verdadera” lo decimos porque Dios la crea, elige, justifica y santifica. Igual que el ser humano justificado, la religión verdadera es una criatura de la gracia.

2 Cumplimiento: el cristianismo como el cumplimiento de otras religiones estaba ya presente en los conceptos de adaptación, acomodación e indigenización. Hacer comparaciones con otras regiones en el mundo occidental, no había duda de cuál religión estaba en la cima. En el informe estadounidense (1932) su énfasis fue “todos estamos en la misma ruta hace una sola cultura mundial y necesitamos una sola religión, sin duda basada en gran parte en las presuposiciones cristianas de occidente. El amor cristiano, sugirió Hocking, era el elemento preciso para el rejuvenecimiento espiritual del mundo. Por otro lado hubo presiones para cambiar el acercamiento de la teología desde un acercamiento Eclesiocéntrico a otro Cristocéntrico. Rahner al analizar otras religiones y su posible valor sádico es la cristología. Nunca abandona la idea del cristianismo como la región absoluta ni la idea de Cristo como único medio de salvación, pero reconoce elementos sobre naturales de la gracia en otras religiones, que, según él, han sido otorgados a seres humanos por medio de Cristo. Existe una gracia sádica dentro de otras religiones, examinará si es Cristo. Esto convierte a otras personas en “cristianos anónimos” y otorga a sus religiones o lugar positivo dentro del plan salvífico de Dios.

3 Relativismo: este se manifiesta en algunos modelos son claramente premodernos y modernos y otros que revelan rasgos de un paradigma posmoderno (al igual que en el exclusivismo y el cumplimiento). Las religiones resultan ser más complementarias que contradictorias (el ejemplo del elefante y los indios ciegos, según la parte que tocaban, serpiente, espada, abanico, pared, columna o cuerda.) Esté extremo relativismo de la ilustración casi nunca se encuentra hoy en círculos cristianos. Todas las religiones consisten en distintas respuestas humanas frente a una sola realidad divina y afirma que todas en carga diferentes percepciones que han tomado forma en medio distintas circunstancias históricas y culturales. (Ernest Troeltsch 1865-1923). Todas las religiones tienen igual validez y otros reveladores y salvadores pueden ser tan importantes como Jesucristo (Hick).John Macquarrie, aboga por un “ecumenismo global” y sugiere que la misión cristiana debe restringirse aspectos humanitarios como la salud, la educación y cosas semejantes. En particular, nunca debe buscar la conversión de los adherentes de las denominadas actas religiones, en las cuales la gracia sádica de Dios ya está operando de manera visible. Las pretensiones legales de verdad son simplemente parte de todo el mosaico religioso y deben ser vistas como tal.

Diálogo y misión.

Un compromiso definitivo con la religión de uno, como una genuina perturba a la del otro, de vacilar constantemente entre la certidumbre y la duda. En todos estos acercamientos cada vez se quiebra la atención. Klaus Klostermainer si esta ruta: el diálogo y la misión tienen su encuentro a nivel más de corazón que de mente. Estamos frente a un misterio.

La primera perspectiva necesaria, es aceptar la coexistencia de distintas religiones y hacerlo con gusto (no ha regañadientes). Macquarrie (1977) ha identificado seis factores formativos en la teología: la experiencia, la revelación, la escritura, la tradición, la cultura y la razón y R. Pape añade 1/7 factor formativo: otra religión. En Sri Lanka, el tema se convirtió “los cristianos en diálogo con los hombres de otras religiones”. En 1977 en Tailandia el tema fue “diálogo en comunidad”.

En segundo lugar, el verdadero diálogo presupone compromiso. Sin un compromiso con el Evangelio, el diálogo se convierte en algo arrogante y sin valor.

En tercer lugar, el diálogo (y, por ende, la misión) es posible únicamente si partimos de la convicción que, no estamos avanzando hacia el vacío, sino que procedemos esperando encontrarnos con Dios que nos ha precedido preparando las personas dentro del contexto su propia cultura y convicciones. Dios ya ha derribado las barreras; su espíritu obra constantemente de manera que sobrepasan el entendimiento.

En cuarto lugar, tanto el diálogo como la misión pueden conducirse únicamente con una actitud de humildad. Esa actitud de humildad es intrínseca de la fe cristiana auténtica. “Nadie niega que Jesús hizo mucho bien, pero esto de ninguna manera lo salvó de ser crucificado. La humildad también significa mostrar respeto por nuestros precursores en la fe, que tuvieron sus prejuicios racistas, machistas e imperialistas. El punto es que tampoco hay garantía que resultaremos mejores que ellos.

El quinto lugar, tanto el diálogo como la misión deben reconocer que las religiones son mundos en sí mismos, con sus propios ejes y estructuras; se orientan en diferentes direcciones y plantean preguntas diferentes. Esto implica, entre otras cosas, que el evangelio cristiano no tiene la misma relación con el hinduismo que con el budismo, etc. El paradigma moderno, que tiende a pasar por alto las diferencias. Lo que pasa generalmente es que se toma como punto de partida al cristianismo, generalizando los elementos de la religión cristiana hasta adecuarlos al fenómeno de otras religiones y entonces producir una especie de copia reducida del cristianismo. Esto convierte a otras religiones en poco más que un eco de la misma voz del cristianismo y demuestra poca sensibilidad ante el hecho de que ellas plantean sus propias preguntas al cristianismo.

Pablo VI (1964) crea la impresión de concebir otras regiones como círculos concéntricos alrededor de la Iglesia Católica, es el centro, según este modelo, marca la distancia en relación con el cristianismo en particular con la Iglesia Católica. El “pluralismo punitivo” de Knitter afirma que las religiones del mundo son “más complementarias que contradictorias” (1985) que saldría cabo igual a la perspectiva de los filósofos de la ilustración. La religión auténtica es, sin embargo demasiado difícil de manejar como para caber en semejante constelación.

En sexto lugar, el diálogo no es un sustituto ni un subterfugio para la misión. No pueden verse como idénticos o como opuestos el uno del otro. La reunión de la CMME en San Antonio lo expresó “afirmamos que el testimonio no incluye el diálogo sino que invita al diálogo, y que éste no excluye el testimonio sino que invita a testimonio y lo profundiza”.

La correspondencia entre el diálogo y la misión es llamativa. El diálogo y la visión viajan por una calle de una sola vía; ninguno de los dos es tercamente dogmático, intolerante o manipulador..

Las disimilitudes entre el diálogo y el testimonio. Knitter (1985) dice que la meta de la misión es que un cristiano se convierte en un mejor se han y el budista en un mejor budista, lo que apoya el diálogo pero no a la misión. Gómez (1986) dice la Iglesia proclama y sus deberes hacerlo, sin tregua al Cristo que es el camino, la verdad y la vida. CMI no escatimar esfuerzos para establecer de una vez por toda la legitimidad y algo, pero aquí hay duda sobre el llamado de la Iglesia a testificar de la vida de Cristo. La asamblea de Nairobi (1975)declara: con valentía confesamos a Cristo sólo como El Salvador y el señor y expresa confianza segura en el poder del Evangelio. En ME6 leemos: en el caso de la vocación de la Iglesia en el mundo está la proclamación del reino de Dios inaugurados en Jesús el señor, crucificado y resucitado. Agrega: los cristianos adeudan el mensaje de la salvación de Dios en Cristo Jesús a todas las personas y a todos los pueblos. En la conferencia de San Antonio: el Dios felino, padre hijo y espíritu Santo, es un dios en misión, la fuente y el sustentador de la misión de la Iglesia. Y dice: no podemos apuntar a ningún otro camino de salvación a parte de Jesucristo. Éstos elementos no negociables de la misión llegaron ser abundantemente claros en esos capítulos sobre el carácter misionero de la iglesia primitiva.

En séptimo lugar: la pregunta ¿las otras religiones también pueden “salvar”? ¿Que sucede un individuo después de la muerte? Las religiones crecen y aseguran tal salvación. ¿Será esta la única razón por la que las personas deben llegar a ser cristiana? Y para eso hay que aceptar un sistema fijo de dogmas, ritos e instrucciones. Sin embargo, la conversión no significa un inicio una comunidad con el fin de asegurar la “salvación eterna”; más bien, es un cambio de lealtades en el que la persona acepta Cristo como señor y centro de su vida. Más que ser salvo la persona abraza su responsable resentido de servir a Dios en esta vida y promover el reino de Dios en todas sus manifestaciones. La conversión incluye una limpieza personal, el perdón, la reconciliación y la renovación, con el fin de llegar a ser partícipe de las asombrosas obras de Dios.

¿Cómo combinar la fe en Dios revelada de manera única en Cristo Jesús con la confesión de que Dios nos ha quedado sin testimonio? ¿Cómo mantener esta tensión entre ser, a la vez, misionero y dialógico? Esta tensión surge por cualquier camino que escojamos. “Aceptamos esta tensión y no buscamos resolverla”. No tenemos todas las respuestas. Démosle su compromiso en el diálogo y la misión como una aventura. No como soldados, sino que, mensajeros de la paz; no como vendedores que presionan, sino con embajadores del Señor siervo.

La misión como teología.

Visión marginada.

El no testamento se escribió dentro de un contexto misionero. Se encontraba la Iglesia-en-misión. Así la misión se convirtió en la “madre de la teología”. La teología perdió su dimensión misionera. En el periodo posmoderno se entendió a la teología primordialmente en dos sentidos. En primer lugar, fue el término para describir un conocimiento real e individual de Dios y de las cosas relacionadas con él. En segundo lugar, fue el testimonio utilizado para disciplinar, una empresa auto consciente y escatológico. Durante muchos siglos había una sola disciplina denominada “teología”. Bajo el impacto de la ilustración aquella disciplina se dividió en 2 areas: la teología como el conocimiento práctico necesario para llevar a cabo el trabajo clerical, y la teología como una empresa técnica y académica entre tantas otras. La teología se desarrolló a lo que Farley denomina “modelo cuádruple”: las intrigas de Biblia (texto), la historia de la Iglesia (historia), la teología sistemática (verdad) y la teología práctica (aplicación).

La teología “práctica” se convirtió un mecanismo para mantener la Iglesia en marcha, entre las otras disciplinas resultaron ser ejemplos de ciencia “pura”. La teología en gran parte estaba desprovista de una dimensión misionera, aún después de siglo 15. Voetius fue el primero en desarrollar una “teología de la misión”. La misión estaba relegada totalmente a la periferia de la Iglesia sin despertar ningún interés. La teología permaneció como algo netamente parroquial y doméstico. La teología práctica tiene que ver con el pastoral o de la Iglesia y la misiología con el apostolado de la Iglesia.

Una segunda estrategia la de abogar por la introducción de la misiología con una disciplina teológica por derecho propio. Warneck su contribución provocó respuestas no solamente los círculos protestantes sino católicos. Existen muchas cátedras y departamentos de misiología hoy más que nunca. Un tercer acercamiento, era abandonar la enseñanza de la misiología como una materia aparte y esperar que las otras disciplinas teológicas incorporen la dimensión misionera a todo el campo teológico.

De una teología de la misión y a una teología misionera.

El problema básico, por supuesto, no el concepto de misiología, sino con el concepto de misión, donde ésta se define exclusivamente en términos de la salvación de almas o la extensión de la Iglesia, la misionología no podría sino ser la ciencia del misionero y para el misionero, una materia práctica (sino pragmática): “¿cómo implementamos la tarea? .

.Illich define la misión como la continuación social de la Encarnación. O el amanecer social del ministerio, o el florecer social de la palabra en medio de un presente siempre cambiante (1974). El movimiento misionero de la Iglesia es únicamente una de las formas de la naturaleza extrovertido del amor de Dios. (Haight 1976). La misión significa servil, sanar y reconciliar a la humanidad dividida y herida. La misionología está para permear sus toda las disciplinas; no es sólo un sector de la enciclopedia teológica (Linz 1964). En términos de su aspecto dimensionar la misión no ya desafía responde a los desafíos de disciplinas específicas.

La Iglesia tiene una historia sólo porque Dios dio el privilegio de participar en la” missio Dei”. La hemos convertido en una sede de historias denominacionales, donde cada denominación simplemente escribe sus propias crónicas, es cumpliendo los rostros de sus fundadores en un “postre o térmico privado” (Hoekendijk 1967). M. Austin “una Iglesia de clase media del siglo XIX, que se esfuerza por asumir los desafíos del siglo XX cuando el siglo XXI ya está a la puerta”.

Considerando la dimensión misionera de la teología práctica, ésta se vuelve miope, y se preocupa sólo por la autorrealización de la Iglesia en torno a su predicación, catequesis, liturgia, ministerio docente pastoral y diaconado, en lugar de voltear sus ojos hacia el ministerio del mundo, analizando la actividad misionera, de alertar a una teología ya una Iglesia domesticada respecto a la realidad en el mundo exterior que está herido y al cual Dios ama. La iglesia debe advertir a su clientela sobre las realidades del tercer mundo. Para la comunidad cristiana entera –Iglesia del primer, segundo y tercer mundo-la misionología implica globalización. Y para lograr esta globalización, necesita especificidad y concretización.

Lo que puede y lo que no puede hacer la misionología.

Ésta tiene una tarea doble, una respecto a la teología y otras respecto a la praxis misionera.

Frente a primera la visión desempeñó una función crítica desafiando continuamente a la teología, por medio de la reflexión sobre la fe, y ha de acompañar al Evangelio en su peregrinaje en medio de las naciones y a través del tiempo. Rompiendo con las actitudes cómodas, y oponiéndose acá en pulso eclesiástico de auto preservación cada deseo de permanecer igual cada inclinación al provincialismo y el parroquialismo. Es además acompañar críticamente a la empresa misionera, fiscales a sus fundamentos, sus metas, sus actitudes, sus mensajes y sus métodos.

La praxis misionera permanece en tensión creativa con los orígenes de la misión, con el texto bíblico y con la historia del involucramiento misionero de la Iglesia. La teología (incluyendo naturalmente la misionología) es una reflexión sobre mensaje y su proclamación, la examina críticamente y no pueden involucrarse en la misión. Éstas se capta, no se enseña. Se debe concentrar en la naturaleza inter subjetiva de la empresa misionera y de la reflexión mencionó lógica en torno a ella. Cada rama de la teología, incluyendo la misionología, aún se encuentra en estado incompleto, frágil y preliminar.

La misión como acción de esperanza.

La “oficina de escatología” cerrada.

Erne Troeltsch fue el que dijo “la oficina de escatología se encuentra cerrada a mayor parte del tiempo” sin embargo con el redescubrimiento del escatología, primero en el protestantismo, luego el catolicismo. En efecto, en nuestro siglo la “oficina de escatología” a estado trabajando horas extras”. Únicamente nuestra época, hemos emperador descubrir la naturaleza histórica fundamental de la fe y la escatología bíblica. La pregunta ¿quién es Dios?, se contestaba con la referencia a la historia: El dios Abraham, de Isaac y de Jacob. Y la historia de Jesús de Nazaret es parte integrante de aquella historia y carece de sentido si ella. Ernest Bloch afirma: “donde hay esperanza, hay religión”. La ilustración prácticamente destruyó la categoría de la esperanza. Desechó la teología y funcionó únicamente en términos de causa y este, no de propósito” “el Dios de la física nos da lo que anhelamos; pero nos dice lo que debemos anhelar” (George Santayana). La religión tiene dos respuestas. Una respuesta sido formulada por Mircea Eliade como “el mito del eterno retorno” : lo que esperamos es lo que ya fue pero ha perdido. En el principio de un paraíso, un estado de felicidad libre tensiones, el cual perdimos; la salvación significa recuperar el paraíso. La respuesta judeo-cristiana destierre esto. El futuro anhelado lo es una simple repetición o un retorno al origen. Más bien, el futuro está abierto hacia un nuevo comienzo que superará el primero. El pasado constituye la promesa del futuro. El dios del futuro se coloca en costa de los dioses del origen, del ciclo de la naturaleza, del “eterno retorno”

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